
Un café quedó pendiente, había algo que tenía que decirte: - las mujeres te han hecho mucho daño. – No, no es lo crees- me refiero a que cada mujer que ha llegado a tu vida ha dicho hágase tu voluntad–, convirtiéndote en uno de los hombres mas patéticos que he conocido.
Debo reconocer que eres un hombre muy atractivo – tienes el mejor cuerpo que jamás he visto -. Pero no te alcanza. Podrías ser igual que el mismo Apolo, pero igual que Dafne yo huiría de vos. – (Lo apostaría todo, - estoy segura que no sabes de qué hablo-).
Me sabes a hastío y vaciedad.- Hoy no recuerdo tu mirada–. Adivina, tampoco fue suficiente, algo perdida dibujaba un alma sin carácter, - recuerdo que permaneciste inmutable ante Baudelaire-. Después de eso - no es justo que los poetas tengan que presenciar tu desarraigo hacia los ecos de dolor dibujados en versos.
Entiéndelo – No quiero perder mi tiempo, ni mis palabras - , se que si me cruzo con vos en cualquier calle, no tendré la voluntad de detenerme porque no hay nada en ti -. Como escribe Medina, representas la forma del vacío.
Tu lenguaje es limitado, tus conversaciones no son inteligentes – y esa manía de decirle a cada mujer que te cruzas “nena” – refleja tu falta de tacto para tratarlas. – No vales mas de lo que has gastado formando tu cuerpo- Cuando el tiempo se lo trague, no valdrás nada.
Déjalo ya así. – A la vuelta de cualquier esquina encontraras a cualquier mujer dispuesta a adorarte – aprovéchala. Aférrate a mi ausencia. – Sí, - lo sé – no hay alguien más como yo -. Lo siento. – No sos a quien busco. – Él está ahí, quizá.
Ebriedad de ausencia.
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