
Dirigiendo tu mirada a la ventana rogaste porque nadie viera la lágrima que se deslizaba lentamente por tu rostro. Han pasado las horas, los días y muchos años, la realidad se burla de ti dibujándote una guarida de sueños podridos. Cierras tus ojos, te ves a ti mismo recordando una noche de aquellas en las que el frío juega a ser despiadado y hace que te duelan los huesos. Escuchas gritos en la calle, tu mirada se pierde entre aquellos anónimos que deambulan a diario jugando a sobrevivir y que se esbozan como sombras cargadas de vaciedad y silencio. Vuelven a ti la duda, el espacio, la soledad aquellas estrategias que has inventado para tratar de evadir a la locura. Nadie te escucha, paredes, caníbales, indiferencia, amargura y de nuevo el silencio que se confunde con tu insomnio, los meses y el tiempo que no te espera, piensas que quizá aun no has muerto crees que vives porque tu respiración empaña los espejos en los que te has reflejado.
Ebriedad de Ausencia
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